Proxima exposición

2.3.26 - 22.4.26



Jean
Bouvier



Pintar en Silencio




“La pintura, siendo ya un lenguaje, no necesita que se le añada otro; y su territorio, que es el de la contemplación, exige ante todo el silencio.”
Jean Bouvier




Durante toda su vida, Jean Bouvier (1924–2022) eligió una relación discreta y exigente con el mundo del arte. Pintó sin buscar visibilidad, sin someter su obra a los ritmos del mercado ni a la necesidad de validación pública. Para él, la pintura no era un objeto destinado a circular, sino un espacio de experiencia, un territorio donde se jugaba una forma de libertad interior.

Formado en la École nationale supérieure des Beaux-Arts de París, y vinculado a figuras como Jean Fournier, Nirode Mazundar, Thierry Vernet, Józef Czapski y el escritor Nicolas Bouvier, desarrolló una trayectoria profundamente singular dentro de la pintura europea del siglo XX. Su trabajo se mantuvo siempre al margen de las corrientes dominantes, guiado por una fidelidad radical a la percepción, al ritmo de la
mirada y al misterio de lo visible.

Bouvier concebía el acto de pintar como un modo de descifrar el mundo, no de representarlo. Para él, el color, la luz y la materia eran herramientas para revelar lo que normalmente permanece oculto: la vibración de un paisaje, la respiración de un interior, la presencia silenciosa de un cuerpo. En sus cuadros, el espacio no se organiza según una lógica narrativa, sino según una lógica sensorial: capas, transparencias y gestos mínimos construyen superficies que parecen moverse y respirar.


A diferencia de una pintura espectacular o declarativa, la obra de Bouvier exige una mirada lenta. Su fuerza no reside en el impacto inmediato, sino en una intensidad sostenida, en la manera en que el ojo es llevado a deambular por la superficie, a perderse en la profundidad del color, a habitar el tiempo del cuadro.

Esta primera presentación en Madrid propone un recorrido por algunos de los motivos esenciales de su obra: paisajes, ciudades como Nueva York, Venecia, cuerpos, escenas del estudio y espacios interiores. Más que temas, son lugares de atención. En todos ellos, la pintura se convierte en una forma de presencia, una manera de estar con el mundo sin dominarlo.


La curaduría de Sybilla aporta una lectura especialmente sensible de este universo pictórico. Desde su propia experiencia como creadora, la exposición subraya la dimensión táctil, rítmica y corporal de la obra de Bouvier, un artista comprometido con su obra mas allá de las modas, que creaba sin buscar el reconocimiento y de una sorprendente contemporaneidad. En un contexto dominado por la saturación de imágenes, su pintura propone una experiencia opuesta: mirar como quien escucha.

Lejos de la lógica del espectáculo, Jean Bouvier. Pintar en silencio invita al espectador a una relación íntima con la obra. No se trata de consumir imágenes, sino de entrar en un espacio de percepción, donde la pintura actúa como una forma de conocimiento y de libertad.






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